Por qué bostezamos y por qué el bostezo se contagia
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Por qué bostezamos y por qué el bostezo se contagia

30 de julio de 2026 118 lecturas Redacción

Basta leer la palabra para que te den ganas. Es uno de los comportamientos más universales y sigue sin tener una explicación cerrada.

Es probable que hayas bostezado leyendo el título. O que lo hagas antes de terminar este párrafo. El bostezo es uno de los comportamientos más contagiosos que existen, y también uno de los peor explicados.

La explicación que aprendimos y que no encaja

La versión clásica dice que bostezamos porque falta oxígeno: el cuerpo detecta poco oxígeno o mucho dióxido de carbono y provoca una inspiración profunda.

Suena razonable, pero los experimentos no la respaldan. Cuando se hace respirar a personas aire con distintas concentraciones de oxígeno, la frecuencia de bostezos apenas cambia. Y quienes practican ejercicio intenso, que sí tienen necesidad real de oxígeno, no bostezan más.

La hipótesis que gana terreno

La explicación con más apoyo hoy es que el bostezo ayuda a regular la temperatura del cerebro.

La idea es que la inspiración profunda y el estiramiento de la mandíbula aumentan el flujo de sangre hacia la cabeza y facilitan el intercambio de calor. Encajaría con dos observaciones: bostezamos más cuando estamos a punto de dormirnos o al despertar, momentos en que la temperatura cerebral cambia, y se ha observado que la frecuencia varía según la temperatura ambiente.

No es una explicación cerrada, pero es la que mejor se sostiene con los datos disponibles.

El contagio: lo verdaderamente interesante

Aquí está la parte que más ha llamado la atención de los investigadores. Basta ver a alguien bostezar, oírlo, o incluso leer sobre ello, para que aparezcan las ganas.

Lo revelador es quién nos contagia más. La respuesta parece depender de la cercanía emocional: el contagio es más frecuente entre familiares cercanos, algo menos entre amigos, y bastante menos entre desconocidos.

Eso ha llevado a relacionar el bostezo contagioso con la empatía. La hipótesis es que forma parte de los mecanismos de sincronización de grupo, los mismos que hacen que ajustemos el paso al caminar con alguien.

Otros animales también lo hacen

El bostezo aparece en muchos vertebrados. Y el contagio se ha documentado en chimpancés, en lobos y, curiosamente, en perros: hay estudios que apuntan a que un perro puede bostezar al ver bostezar a su dueño, un contagio entre especies distintas.

Ese detalle refuerza la idea de que el fenómeno tiene un componente social y no solo fisiológico.

Cuándo bostezar mucho merece atención

Bostezar es normal. Pero un aumento marcado y sostenido, sin relación con el sueño o el aburrimiento, puede acompañar a algunas situaciones médicas: falta de descanso crónica, ciertos medicamentos, o alteraciones neurológicas.

La referencia práctica no es un número exacto, sino el cambio: si de pronto bostezas mucho más que antes sin explicación y viene acompañado de otros síntomas, merece comentarlo en una consulta.

Un detalle final

Se estima que un bostezo dura entre cuatro y siete segundos, y que empezamos a hacerlo antes de nacer: se ha observado en fetos mediante ecografía a partir del segundo trimestre.

Es decir, bostezamos antes incluso de respirar aire por primera vez. Cualquier explicación que se dé al bostezo tiene que poder explicar también eso.

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